domingo, noviembre 27, 2005

Empatía: visión en el Fastori, solo

Pues sí. El Lunes de la semana pasada al salir del trabajo me dirijí al Fastori, el café de un hotel enfrente de la Central de autobuses. Me iba a ver con un amigo y una amiga. El plan era tallerear textos y platicar sobre nuestras cosas: libros, aficiones, cine, música, mujeres, amores, mascotas, hombres, maestros, maestras, amigos, amigas, el vacío que representa sentirse atrapados en una caída libre y sin esperanza de red o colchón de dormimundo abajo.

acudí puntual. cuarto para las siete. apenas ocupé lugar, pedí un café americano y un pay de nuez, cuando un mensaje sonó en mi celular: era Armandina, no podría ir porque estaba en el trabajo y después saldría corriendo para su clase de inglés. frente a mí, en otra mesa, una señora de lápiz labial rojo cereza, sombras azules violeta, cabello teñido de rojo expresionista, aretes largos de fantasía, abrigo garigoleado de piñata mexicana decembrina, anillos miles agigantados en sus delgadas y temblorinas manos y con toda la desesperanza del mundo sobre sus hombros, sobre su corona que hacía ver su rostro aplastado, estirado por la preocupación y la tristeza, juré que en cualquier momento ella iniciaría a morderse las uñas pero fui yo quien empezó. para ese momento me di cuenta de que mi soledad estaba siendo acentuada. ¿Para qué chingados llegué temprano? un vicio mío es el estar siempre alerta, viéndolo todo, me obsesiona observar a los otros, registrarlos en mi cerebro, devorarlos completos y completas y elucubrar historias, personajes, usarlos para que llenen mi morbo. y ahí estaba ella, sus largas manos colgadas por el peso de sus joyas, su rostro estirado por el peso en su corona y además el peso de mi mirada, en cualquier momento esperé a que me la hiciera de pedo pero no, ella estaba más preocupada por otras cosas, me di cuenta de ello porque al momento sus manos largas tomaron su celular y desesperados sus dedos golpearon los botones: 1, 2, 3, 4, 5, 6... llamadas a quién sabe dónde, a quién sabe quién... en tanto mis ojos recorrieron una vez más todo el lugar. y sí, me dejé atrapar por la nostalgia. la tristeza llegó y se sentó a mi lado. solo estaba esperando a mi amigo N. mientras armandina seguía enviándome mensajes y me di cuenta de que ella también andaba perdida... seguí observando a la dama, sus ojos cada vez se obsesionaron más con las ventanas, con lo que esperaban ver tras de ellas, decenas de personas correteaban afuera, mis ojos también las veían, pero sólo seguía confirmando mi tristeza, mi nostalgia por todo. saqué mi libreta y me puse a escribir... terminé mi pay y los cafés seguían corriendo... solo solo solo, no pudo haber escenario mejor. decidí no seguir esperando, tomé mis cosas y me fui, le deseé la mejor de las suertes a la mujer y me fui. en la salida me topé con un hombre que venía apurado hablando por celular. voyerista que soy me detuve un momento, regresé a la mesa con todo el descaro sin importarme parecer sospechoso. era la persona que la mujer estaba esperando. ella sonrojada, alegre, efusiva, tendió una alfombra roja para recibir a su amado. él ni siquiera le dio atención, se sentó, siguió hablando por su celular y con un gesto rápido le pidió a ella que se callara, que lo dejara escuchar, que estaba en una movida y que a lo mejor no podría acompañarla esta noche. ella se congeló, vi cómo sacó una navaja y se sacaba los ojos. su cuerpo comenzó a temblar. lloraba sangre...


Miras las calles
dónde están sus pobladores
ahí solo hormigas
a prisa
porque viene el invierno

ahí hay nadie
no están ahí
los ves
pero son hologramas
de tierra de asfalto de madera podrida de tajabanes
de sábanas limpias y frías solitarias
de soledades
en realidad no los ves
es imposible
aunque tus ojos registran sus muelles
sus venas queriendo escapar
están
ahí
no están
quiera la vrbe no vomitarlos a todos
cómprate unos lentes de sol para usar de noche y que no te salpiquen cuando eso ocurra






una taza de café
bebes
tus dedos reposan largos sobre la mesa
acaricias el mantel melón de papel
solo
a cada sorbo
a cada vistazo por el ventanal
a cada mirada sobre la pantalla del celular
solo
endulsas tu café
con la memoria del fuego
con lo poco que queda de los besos guardados de la tormenta
bebes un poco
nadie te ve




estela ya se come las ansias
antulio no llega
"dónde estás Antulio dónde"
sus manos de pollo exhiben su riqueza acumulada con los años y una pensión heredada para su viudez
"dónde estás dime dónde"
esas manos remojadas
estrujan servilletas
manteles de papel melón
cuchillos tenedores cucharas tazas blancas de café
se deciden
oprimen los botones
llevan el teléfono móvil
al caracol de la oreja
con ansias caníbales de escuchar el mar
"antulio dónde estás"
sus manos se sonrojan
las servilletas desaparecen
tragadas por algo así como una planta carnívora sonrojada
"¿no vienes?"
el celular cae sobre la mesa
una mano colorada es llevada en puño a la boca que muerde carmesí cereza lápiz labial

6 comentarios:

Mar dijo...

Esperaba esto.
Felicidades.

madamelore dijo...

hola
platikaba kon brandon
y me pregunto ke si no habia checado tu blog
asi ke me pase a dar una vuelta
me sorprende ke seas tan observador
no lo esperaba

Odvidio dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Odvidio dijo...

jajaja pues parece que soy primerizo, no sabía que en varios blogs es común que aparezcan comentarios del tipo "juicyfruit" jajaja y yo de imbécil saludando al cabrón, ni pedo... bueno, aprovecho para agradecer la lectura de esta entrada también a Armandina y Lady Roweena, a Orfa y las ratas y conocidos y conocidas que me comentaron al respecto. Gracias, me excita mucho sentirme leído jajaja (cómo no, todos esos ojos puestos en mí, thta´s is the heaven and hell on the same room and wet bed...)

Odvidio dijo...

Chin, hice la aclaración porque pensé que no había podido eliminar el comentario y resulta que sí, ahora vuelvo a saludar a Patty y madamelore. aprovecho también para salutar al barndon, poeta del nopal urbano...

Gibo dijo...

Es la segunda vez que leo el cuento. Me gusta, sobre todo el final.

Lo volví a leer porque hace poco ibamos a tener una reunión con unos amigos en un "café enfrente de la terminal de autobuses", pero se cambió el lugar.